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ahora que soy una novia boba

¿qué está pasando?

Siempre he considerado que he tenido buena suerte con los amigos. Por supuesto, durante todos estos años me he ido encontrando con auténticos desgraciados y con colegas que resultaron no ser tan colegas y que sencillamente se han ido perdiendo, así como los hombres pierden el pelo y las mujeres la inocencia infantil. Pero los que quedan, ¡ay, los que quedan son geniales! Y hay momentos en los que se les nota especialmente. Como cuando no cuentas con muchas esperanzas de tener a alguien a tu lado, alguien que te mime, te cuide, te enfade y te soporte; momentos en los que las fiestas con los amigos son lo más importante.

Después de las vacaciones de navidad , yo me incorporé a la rutina Acá más tarde que el resto debido a mis obligaciones laborales. Por eso, casi sin darme cuenta, estaba organizando mi fiesta de cumpleaños. Este año decidí que cumpliría 25 (nada grave, teniendo en cuenta que el año anterior decidí que tenía 22 primaveras), porque además de ser una cifra redonda, me acercaba un poco más a mis amigos. Y un poco también porque cuando cumplí 25 de verdad (quiero decir, la primera vez que los cumplí) disfruté la vida a fondo y tenía la esperanza de que se volviera a repetir.

Todo estaba preparado para lo que se prometía como una celebración inolvidable: un buen puñado de gente con ganas de fiesta, litros de sangría, cerveza, whisky, ron, vodka, comida basura y siete nacionalidades diferentes. La música era responsabilidad del loco del grupo con lo que la diversión estaba garantizada. Entre todos conseguimos finalmente que mi segundo 25 cumpleaños fuera lo que yo quería, o mejor dicho, lo que yo necesitaba: un fiestón del que todavía se está hablando (aprovecho para agradecer a mis vecinos que no hicieran acto de presencia en las más de 10 horas que duró el evento).

Comencé a recibir gente a las ocho de la tarde con la idea de empezar la noche de una forma tranquila. El loco no llegaría hasta las once y eso marcaría un punto de inflexión en la fiesta. Todo salía a pedir de boca: la gente se integraba, todo el mundo comía y yo me encargaba de que ningún vaso estuviera vacío. Y cuando el loco llegó, todos bailamos como posesos, aplaudimos, cantamos, gritamos y reímos; reímos mucho. Los flashes de las cámaras no descansaban. Los vídeos se sucedían casi al mismo ritmo que los vasos de sangría.

Así llegó un momento en el que la fiesta parecía desbocada, pero la realidad es que tenía el nivel justito de control: no había heridos, ni cristales rotos y nadie había llamado a la policía, de modo que la fiesta podía continuar. Saqué las gafas de sol y los rotuladores para pintarnos los unos a los otros (lo sé, nada justifica lo de las gafas de sol). Mientras la mitad de mis invitados gritaba corriendo por los 40 m2 de mi apartamento huyendo de la otra mitad (justamente la mitad que portaba los rotuladores como armas dispuestas a ser usadas) la fiesta para mí parecía haber pasado a una dimensión diferente. Como si otro universo paralelo y que sólo yo veía (o eso pensaba en aquel instante) se hubiera apoderado de nosotros. Yo únicamente alcanzaba a preguntarme una y otra vez: ¿qué está pasando? ¿qué está pasando? ¿qué está pasando?... y en un intento desesperado por comprender qué ocurría, comencé a recapitular la noche, pensando que había algo a lo que yo no había estado atenta; algo de lo que yo no me había percatado. Sólo conseguí esto:

1.- la noche comenzó tranquila. Las conversaciones fluían a media voz. El loco no había llegado todavía. Yo tenía una cerveza en la mano.

2.- la fiesta comenzaba a animarse porque ya se escuchaban risas y voces. La mezcla de culturas comenzaba a notarse pero el loco aún no había llegado. Yo tenía en una mano una jarra de sangría (evitando los vasos vacíos) y en la otra mi propio vaso.

3.- la fiesta ya no estaba nada tranquila. El loco ya había llegado y todos gritaban, bailaban o reían, o lo hacían todo al mismo tiempo. Yo tenía un ron en una mano y un rotulador verde en la otra.

4.- la fiesta seguía sin estar tranquila; algunos continuan gritando mientras otros vomitan o duermen... pero es como si yo no los viera. No entiendo nada. Él sujeta mis manos. Él sujeta mis manos. Él sujeta mis manos. Él sujeta mis manos...

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2 comentarios

cabradelmontealto -

yo te puedo explicar lo que paso:
punto uno, tu LIMONADA no esta tan rica como la mia, y el echo de llamarla sangria, ya la trasporta a un mundo paralelo.
Las gafas de sol son un claro recuerdo de tu subconsciente del aquel momento vivido en el piso de villaviciosa, con limonadaaaaaaaa
Me necesitabas alli para darte orujo a cascoporro
Necesito volver a espana quiero orujo, mandame una carta banada en orujo que yo la chupo
nuuuuuuuuuuuuuu
Un besin
cabra
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cabradelmontealto -

yo te puedo explicar lo que paso:
punto uno, tu LIMONADA no esta tan rica como la mia, y el echo de llamarla sangria, ya la trasporta a un mundo paralelo.
Las gafas de sol son un claro recuerdo de tu subconsciente del aquel momento vivido en el piso de villaviciosa, con limonadaaaaaaaa
Me necesitabas alli para darte orujo a cascoporro
Un besin
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